Seis veinticinco A.M.
Aún queda mucho tiempo antes de levantarse, asi que se volteó y arropó lo más que pudo, el frio afuera congelaba los huesos.
Siete treinta A.M.
"Solo un poco más" - decía, esperando que fuese la media hora más larga de su vida.
Al final de cuentas, ya no tenía sueño desde la primera vez que despertó, asi que empezó con la rutina diaria. Una ducha, ropa limpia, un desayuno solo para engañar el estómago, y a la calle. Cinco grados celcius, y cada bocanada de aire congelaba su cuerpo. No tenía ganas de seguir con esto. No era la primera vez que lo pensaba, pero ya se decidía de a poco. "Hoy hablo si o si" se decía a si mismo, sabiendo que nunca se atrevería a hablar por miedo al posible rechazo que obtendría.
Siguió caminando hasta el paradero, y en diez minutos no pasó la locomoción. "Caminaré" fue la orden a sus piernas, sabiendo el error, que en cualquier momento el bus pasaría y perdería minutos necesarios para cumplir con su horario. "No va a pasar, estoy seguro". Solo tres minutos desde que empezó a caminar cuando a su lado, con ese sonido característico, el bús pasó, casi burlándose por su poca fe. "Mierda!" alcanzó a murmurar y siguió su camino.
Bajó a la estación de metro revisando constantemente su reloj. Nunca había fallado y esta vez no sería la excepción. Pasó el torniquete y aguardó esperando el próximo tren. Veía a la gente con su cara de sueño y cansancio. Veía en sus ojos la decepción y el aburrimiento diario de hacer lo mismo una y otra vez. Quizás ellos tenían alguna razón para seguir. A él se le acabaron hace tiempo.
Miraba hacia el otro andén por simple curiosidad más que por interés verdadero. Hace tiempo la vida dejó de tener interés. No le quedaba nada, solo una rutina diaria y su soledad, conversaciones falsas, motivos sin motivo, cariños sin cariño. Miraba al frente y mágicamente la respuesta llegó a él, quizás atraida por el murmullo sin sentido de las personas, los ruidos de los trenes al pasar, las risas, los pasos en las escaleras, los anuncios por los altoparlantes.
Simplemente cerró los ojos, dió un paso al frente y se arrojó a las vías del metro, con una sonrisa en su cara y la calma de saber que, a final de cuentas, hoy ni nunca le rechazarían su petición...